Fue hace pocas horas cuando se conoció el anuncio oficial realizado sobre la reapertura del mercado de Japón para la carne bovina argentina tras dos años de negociaciones, algo que el Gobierno nacional celebró la firma del acuerdo, para ingresar a una plaza de consumo estimada en más de 3.000 millones de dólares anuales.

No obstante, tras conocerse la novedad a nivel nacional, desde el sector comercial local consideraron que si bien la noticia es positiva para la economía del país, la medida no modifica la compleja situación que atraviesa el rubro en la provincia debido a la baja en las ventas y la recesión actual, con los comerciantes explicando que el consumo diario del vecino continúa golpeado por la pérdida del poder adquisitivo.

En ese sentido, el presidente de la Cámara de Carniceros de Salta, Dardo Romano, analizó a InformateSalta el alcance real de la iniciativa en el mostrador y destacó el valor de superar los controles internacionales. “Es una buena noticia en el sentido de que el mercado japonés es uno de los más exigentes en cuestiones sanitarias del mundo, Argentina termina de complementar los mercados más exigentes con Estados Unidos y Unión Europea”, señaló.

A su vez, el empresario explicó la dinámica de los cortes solicitados y cómo puede repercutir esa selección en las carnicerías locales. “La demanda de carne que tiene Japón se basa en cortes premium y especiales, lo cual siempre deja saldos de la exportación acá en el mercado interno que van a estar con buenos precios“, indicó el titular del sector sobre la distribución del producto.

Sin embargo, remarcó que el impacto cotidiano de la venta minorista continúa condicionado por el panorama económico actual. “En el día a día no nos va a cambiar mucho ahora porque estamos en un momento medio recesivo, hay baja de ventas, mucha competencia y no creo que esto en lo inmediato nos cambie el panorama en el ámbito local”, expresó sobre la realidad en los locales comerciales.

Finalmente, Romano profundizó sobre los factores impositivos y la caída en el consumo directo que dificultan el sostenimiento de los establecimientos. “La baja de venta en la faena de carne vacuna es del 10%, pero en el mostrador se siente una falta de rentabilidad porque al haberse acabado la inflación la parte impositiva se volvió una carga muy grande que hace difícil mantener los negocios”, concluyó el comerciante.

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