Tras conocerse la muerte de José Eduardo “Jota” Figueroa, condenado a prisión perpetua por el femicidio de su esposa Mercedes Kvedaras, se conocieron detalles sobre cómo fueron sus últimos días en el penal de Villa Las Rosas.

Personas que mantuvieron contacto con él durante su permanencia en prisión describieron que, en las últimas semanas, se encontraba profundamente ensimismado, cada vez más aislado y con un estado depresivo que se había vuelto evidente. 

Además, pasaba buena parte del día dormido, en parte por efecto de la medicación que recibía como parte del tratamiento psicológico y psiquiátrico dispuesto después de la condena.

Uno de los vínculos que conservó durante su encierro, según Gente de Salta, fue el de un amigo que lo visitaba con frecuencia. Durante esas conversaciones, según relataron personas conocedoras de esos encuentros, Figueroa le habría manifestado que estaba “arrepentido de lo que había hecho”.

Ese arrepentimiento también había sido expresado públicamente durante el juicio por el femicidio de Mercedes Kvedaras. Antes de conocer la sentencia, pidió perdón a la familia de la víctima, a sus propios familiares y a sus hijos. Dijo sentirse avergonzado y lamentó el daño provocado.

El 30 de abril de este año, el tribunal lo condenó a prisión perpetua por el homicidio doblemente calificado por el vínculo y por mediar violencia de género.

Tras la sentencia, se dispuso que continuara alojado en Villa Las Rosas y que recibiera asistencia psicológica y psiquiátrica. También permanecía suspendido el régimen de comunicación con sus tres hijos.

Una rutina que cambió con los años

La vida cotidiana de Figueroa dentro del penal había tenido, durante sus primeros años de alojamiento, algunas actividades que le permitían salir de la rutina del encierro. 

Los sábados, por ejemplo, tenía la posibilidad de realizar equinoterapia. Para esa actividad, según personas que conocían su rutina, se trasladaba un caballo hasta el sector donde se encontraba alojado.

La lectura también ocupaba parte de su tiempo. Como durante la noche no contaba con iluminación suficiente para leer, le habían conseguido una linterna que utilizaba para continuar con esa actividad.

Sin embargo, con el paso del tiempo y el avance del proceso judicial, esa rutina fue cambiando. Figueroa permaneció casi tres años detenido antes de recibir la condena por el crimen de su esposa, en un juicio en el que declararon alrededor de 80 testigos.

Después de la sentencia, quienes continuaron teniendo contacto con él comenzaron a percibir un deterioro mayor. La medicación hacía que permaneciera dormido durante largos períodos y, en las últimas semanas, su aislamiento y su estado depresivo se habrían profundizado.

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