La psicóloga Andrea D’Abate analizó en diálogo con ElTribuno el fenómeno de los “therians”, jóvenes y adolescentes que aseguran no identificarse como humanos sino como animales, y advirtió que se trata de una manifestación de conflictos profundos de identidad.

Desde una mirada clínica, alertó sobre la confusión entre realidad e imaginario, el impacto de infancias heridas, la falta de límites y contención familiar, y los riesgos de validar socialmente conductas que expresan sufrimiento psíquico y desorganización subjetiva.

Desde la psicología, D’Abate sostiene que no se trata de una identidad sana ni de una elección consciente, sino de una autopercepción que no coincide con la realidad y que constituye un indicador de conflicto psíquico que merece atención.

Explicó que la percepción está anclada en la realidad, mientras que la autopercepción pertenece muchas veces al plano del imaginario, y cuando este reemplaza a la realidad se vuelve patológico.

Autopercibirse como un animal implica negar la condición humana, rechazar el propio cuerpo, la historia personal, la familia y el lugar en el mundo, lo que representa un quiebre profundo en la identidad. Para la profesional, este fenómeno es un síntoma de sufrimiento, desesperación y heridas psíquicas, generalmente vinculadas a abandono emocional, carencias afectivas y falta de límites familiares.

La psicóloga remarcó que la identidad se construye desde la infancia y que la falta de contención y reconocimiento puede llevar a refugiarse en la fantasía. También advirtió sobre los riesgos del discurso del “dejalo ser” sin responsabilidad, señalando que confundir libertad con ausencia de límites es una forma de abandono.

Sobre el rol de las redes sociales, indicó que la hiperconexión a pantallas debilita el vínculo humano y favorece la confusión identitaria. Alertó además que la validación social de estas conductas agrava el problema y puede generar conflictos sociales cuando la confusión invade espacios públicos.

Finalmente, recomendó a los padres estar atentos, poner límites, acompañar y buscar ayuda profesional. Destacó la terapia como un espacio para construir identidad y cerró con un mensaje claro: no normalizar lo que no es normal y asumir la realidad como primer paso hacia una verdadera libertad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *