El relato del gobierno de Javier Milei sobre la incipiente recuperación económica y la baja de la pobreza sumó un duro cuestionamiento institucional. Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, advirtió que los recientes números arrojados por el INDEC esconden una “ficción metodológica”, ya que la caída estadística no se traduce en una mejora real dentro del bolsillo de los argentinos.
Si bien el especialista aclaró que no existe una intervención política sobre el organismo estatal, remarcó que las mediciones oficiales presentan severas distorsiones frente a la capacidad de consumo actual. “La gente no está sintiendo en el bolsillo que tiene más capacidad de compra que hace un año. Por el contrario, se te bajan los consumos de lácteos, de yerba, cae el consumo general”, describió el sociólogo.
El peso de los tarifazos y la canasta desactualizada
El nudo del problema, según explicó Salvia, radica en que el INDEC utiliza parámetros de consumo del 2004 y 2005 para medir la pobreza. Hace dos décadas, los alimentos representaban el mayor gasto de las familias; hoy, las boletas de luz, agua, gas y transporte absorben una porción enorme de los ingresos, dejando un margen mínimo para subsistir.
Esta distorsión genera un escenario paradójico que incomoda al oficialismo: “La gente deja de ser pobre porque puede pagar servicios, pero no porque tenga más capacidad de consumo. Al medir mejor cuánto ingresa y compararlo contra una canasta desactualizada, te da caídas de la pobreza que parecen extraordinarias”, detalló el director del Observatorio, dejando en claro que el alivio es solo numérico.
Clase media golpeada y estancamiento laboral
El diagnóstico de la UCA expone las graves consecuencias del modelo de ajuste sobre los sectores medios y bajos. Para intentar llegar a fin de mes y cubrir el aumento sideral de las tarifas, los hogares comenzaron a recortar gastos en salud, educación y mantenimiento de sus viviendas. Salvia comparó la capacidad de consumo actual con los difíciles años de pospandemia (2021 o 2022), advirtiendo además que el cierre del cuarto trimestre de 2025 mostraría un nuevo deterioro social.
A este panorama de asfixia económica se le suma la precariedad del mercado de trabajo. “El empleo privado está estancado, el público cae y hay más empleo informal y precario”, señaló el especialista. Lejos del optimismo libertario, desde la UCA concluyen que el país no avanza hacia una mejora, sino que está cristalizando una pobreza estructural severa ante la falta de oportunidades genuinas.
